Columna No 9 - Mientras Europa arde, Colombia debe prepararse para que la energía no se apague

La Energía que transforma territorios, hoy ilumina el turismo sostenible en las ZNI
 

Por Danny Ramírez, director IPSE

Las imágenes que llegan desde Europa son tan impactantes como elocuentes. Calles vacías en pleno verano, ciudades que superan los 40 °C, incendios forestales que avanzan sobre miles de hectáreas y sistemas eléctricos sometidos a una presión inédita por el incremento en la demanda de energía para refrigeración. Para muchos, se trata de una crisis ajena. Para Colombia, debería ser una advertencia.

El cambio climático dejó de ser una amenaza del futuro para convertirse en una realidad que está redefiniendo la seguridad energética del planeta. Aunque sus efectos no son iguales en todos los territorios, el mensaje es el mismo: los fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes, intensos y costosos.

Europa vive hoy una de las olas de calor más severas de los últimos años. Investigaciones del consorcio científico World Weather Attribution concluyeron que este tipo de episodios serían prácticamente imposibles sin el calentamiento global provocado por la actividad humana. Los científicos estiman que eventos de esta magnitud son hoy hasta cien veces más probables que en un clima sin la influencia de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus ha documentado que Europa es el continente que más rápido se está calentando en el mundo, duplicando el ritmo promedio global.

No es casualidad que, durante estas semanas, varios países europeos hayan tenido que activar planes de contingencia para proteger su infraestructura energética, atender el incremento del consumo eléctrico y reducir los riesgos para la población más vulnerable. Cuando el clima cambia, también cambia la forma en que los países producen, distribuyen y consumen energía.

Colombia no enfrentará exactamente el mismo desafío, pero sí uno igualmente complejo.

Mientras Europa demanda más electricidad para enfrentar temperaturas extremas, nuestro país se prepara para un escenario caracterizado por la reducción de lluvias y la disminución de los aportes hídricos como consecuencia de un posible evento fuerte del fenómeno de El Niño.

El IDEAM ha advertido que existe una probabilidad superior al 95 % de consolidación de condiciones asociadas a El Niño durante el segundo semestre del año y que existe una alta probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte. Para Colombia esto significa menor disponibilidad de agua, reducción en los caudales de los ríos, disminución en los niveles de los embalses, incremento de incendios forestales y mayores desafíos para la operación del sistema energético nacional.

Este escenario merece toda nuestra atención por una razón muy sencilla: Colombia ha construido una de las matrices eléctricas más limpias del mundo gracias a su enorme capacidad hidroeléctrica. Cerca del 70 % de la electricidad que consumimos proviene del agua almacenada en nuestros embalses.

Esa es, al mismo tiempo, una de nuestras mayores fortalezas y una de nuestras principales vulnerabilidades.

Cuando las lluvias disminuyen durante periodos prolongados, el sistema depende de una gestión rigurosa de los embalses, de la entrada oportuna de otras fuentes de generación y de la capacidad institucional para anticipar los riesgos antes de que se conviertan en una emergencia.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha insistido en que los países con alta dependencia de la generación hidroeléctrica deberán acelerar la diversificación de sus matrices energéticas para reducir la exposición frente a eventos climáticos extremos. La evidencia científica demuestra que el cambio climático no solo modifica la temperatura del planeta; también altera los ciclos hidrológicos sobre los cuales fueron diseñados muchos sistemas eléctricos.

¿Estamos haciendo todo lo necesario para que ese escenario nunca ocurra?

La respuesta comienza por fortalecer la resiliencia del sistema energético colombiano.

Significa acelerar la incorporación de proyectos solares y eólicos que complementen la generación hidroeléctrica. Significa impulsar soluciones energéticas descentralizadas en las Zonas No Interconectadas, donde miles de familias siguen dependiendo de sistemas aislados y vulnerables. Significa invertir en almacenamiento de energía, modernizar las redes de transmisión, garantizar la disponibilidad de generación de respaldo y promover una cultura de uso eficiente de la electricidad.

También significa entender que la seguridad energética ya no depende únicamente de cuánta energía somos capaces de producir, sino de qué tan preparados estamos para responder a un clima cada vez más incierto.

En este contexto, las Zonas No Interconectadas representan un enorme laboratorio de innovación. Allí, donde durante décadas la energía fue una promesa incumplida, hoy las soluciones solares híbridas, el almacenamiento y la generación distribuida demuestran que es posible construir sistemas más resilientes, menos dependientes de un único recurso y mejor adaptados a las condiciones climáticas del futuro.

Europa está enfrentando hoy las consecuencias de un clima que cambió más rápido de lo que muchos imaginaron.

Colombia todavía tiene la oportunidad de anticiparse.

No podemos evitar que llegue un nuevo episodio de El Niño. Tampoco podemos controlar el aumento de la temperatura global desde nuestras fronteras. Pero sí podemos tomar decisiones que fortalezcan nuestra seguridad energética, diversifiquen nuestras fuentes de generación y preparen al país para responder con mayor resiliencia a los desafíos del cambio climático.

“En tiempos de incertidumbre climática, la energía más valiosa será siempre la previsión”.

 

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