En Maicao, 85 escuelas se iluminaron gracias a la energía del sol

En Maicao, 85 escuelas se iluminaron gracias a la energía del sol


Ender González tiene 26 años y vive en la ranchería Kulirrili, en Maicao, La Guajira. Desde 2019 es maestro del Centro Educativo Indígena Número 10, ubicado en este lugar. Los 47 estudiantes que tiene este centro se dividen en dos aulas, una con los más pequeños y otra con los grados tercero, cuarto y quinto.

La zona rural de Maicao no es de montañas verdes, como en buena parte del territorio nacional. Este municipio del sur oriente del departamento, habitado principalmente por población indígena, está marcado por el desierto.

A los tiempos de lluvia, que ocurren entre septiembre y diciembre, el pueblo Wayúu le llama juyapu. Para esos días la arena se inunda y transitar de un lugar a otro se complica.

El joven maestro explica que, “cuando llueve los estudiantes tienden a ausentarse y se van al campo con los mayores a aprender el proceso de la siembra, cuántos granos de maíz o semillas de trigo se echan en el hueco, cómo es el proceso de cortar los palos de yuca, y distintos saberes que hacen parte de nuestra cultura y sobrevivencia como pueblo”.

Ender además cuenta que, en lugar de quedarse esperando a que sus estudiantes regresen, lo que él ideó fue un proyecto para fortalecer la práctica que se desarrolla en los días de juyapu.

“Como eso también es pedagógico, desde mi rol como docente tomo eso como un aprendizaje y lo fortalezco. El proyecto busca que el proceso educativo no se rompa, sino articularlo con la práctica cultural”, afirma el maestro que, además, indica cómo la energía eléctrica con la que carga su computador y tiene acceso a internet, ha sido clave en el desarrollo de su proyecto.

La de Ender es una de las 85 escuelas de la zona rural de Maicao que hacen parte  del proyecto desarrollado  por el IPSE,  con una inversión que supera los $1.700 millones de pesos, el cual se desarrolló en cooperación con Instituto de Industria y Tecnología Medioambiental de Corea -Keiti, que donó 242 soluciones solares fotovoltaicas individuales. En cada una de las sedes hay en promedio 25 estudiantes, por lo que se estima que más de 2 mil niños se vieron beneficiados.

En su caso, el profesor señala que les ha servido para trabajar con la tecnología, pero también la ha podido utilizar la comunidad en otros aspectos.

Nerlyis Amaya Pertuz también es profesora. Aunque vive en Maicao, desde hace cinco años se desplaza a diario a la Institución Educativa Indígena Número 6, ubicada vía Uribia kilómetro 47, para atender a 28 estudiantes que tiene en un multigrado en la comunidad de Warruttamana.

Ella coincide con Ender en eso de que la energía eléctrica es decisiva en los procesos pedagógicos. “Para nadie es un secreto que tener energía facilita mucho los procesos de enseñanza y aprendizaje con los estudiantes porque nos ayuda a apropiarnos de la tecnología”, sentencia.

Con la llegada de los paneles solares, Nerlyis ha podido llevar el computador al aula y la clase de informática, que antes era solo teórica, ahora se puede llevar a la práctica.

“También hacemos actividades con música, rimas, coplas y canciones. Para ellos es algo innovador y eso se refleja en su entusiasmo. Se les ve felices en las actividades y las realizan con mayor dedicación”, explica la maestra quién confirma de esta forma cómo la energía ha iluminado sus procesos educativos.

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