Por la senda de las Zonas No Interconectadas

Por la senda de las Zonas No Interconectadas

Un asomo de realidad al trasegar de un comisionado*

En la Colombia infinita son innumerables los lugares a los que se puede llegar con buenas intenciones de apalancar el desarrollo de sus comunidades.  El IPSE, como planificador y promotor de soluciones energéticas, tiene inmerso en su quehacer la verificación de que sus proyectos tengan el impacto positivo que se espera. Para esto cuenta con un equipo profesional en las diferentes áreas del conocimiento, que moviliza hacia las regiones sin titubear pese a las dificultades de acceso y estancia.

Será este el recuento
de algunos viajes de aventura
que sin perder la cordura
hacen volar el pensamiento

Y en esa salsa de sentimientos hay uno que realza el sabor,
y es la alegría infinita de tener participación
en un proyecto de estado que da luz, abrigo y confort
a un pueblo sufrido y fuerte en donde sale y se acuesta el sol.

El mar

En la exuberante selva del pacífico chocoano, se encuentran varios municipios que hacen parte de la Colombia No Interconectada.  Entre ellos, Nuquí y Bahía Solano con sus corregimientos o centros poblados. Empecemos por considerar que desde el interior del país el único medio de acceso a estos es por vía aérea. Desde estos municipios hacia sus alrededores, o te conviertes en Colón en canoa y sin timón, o serás Indiana Jones con repelente y bloqueador.

Para cada intento hay limitadas oportunidades de logro. A la comunidad de Arusí por ejemplo, que pertenece al municipio de Nuquí, el único acceso es el mar, con una ruta de lancha en la mañana y otra en la tarde.  Luego casi dos horas y media, sin contratiempos de clima y marea, llegas a una comunidad que le da la espalda al mar, pues todas sus fachadas dan a una calle estrecha y sin pavimentar, y sus patios traseros al increíble Pacífico, que es justamente el que les provee a diario los platos que envidiaría cualquier majestad.

Allí apenas es el comienzo, si la tarea es diferente a la contemplación y el resort.  No hay un solo vehículo de tracción y llantas, no existe una empresa que preste el servicio de guía o acompañamiento. No queda más que aventurarse a preguntar, quién te lleva, cómo te lleva y cuánto te cobra.  Lo importante es llegar. Cómo medir y calcular cuántos kilómetros recorriste, si has caminado dos días, navegado otros tantos por ríos que pasan en minutos de ser charcos a imponentes aguas que moverían el Titanic.  En algunos tramos, el medio es un equino del cual esperamos no caernos, pues las cabalgatas no las contempla el pensum académico ni están incluidas en el manual de supervisión.

Bahía Solano, aunque diferente en su contexto, es similar en complejidades. Las pocas rutas de transporte que tiene se dirigen a destinos turísticos, menester que no nos convoca.  Verificar infraestructura o algún proyecto seguramente demanda desplazamientos importantes, sea porque vas “valle arriba”, a donde solo la comunidad te lleva en lancha por el río si es que ha llovido -un día de ida, otro de regreso y “400 piedrólares” de manera anticipada-.  Para esto deberás prepararte con botas de caucho por las piedras del río y un escapulario, si eres creyente, pues estarás inmerso en la selva y sin un medio tecnológico de comunicación.

Si el destino es otro, sí y sólo sí la vía es el mar, con ruta no señalizada irás en vehículo descapotable, es decir lancha rápida sin protección alguna.

Algunos cercanos lejanos ¿Tierra a la vista?

Estar en tierra firme a veces no lo es tanto, nuestra topografía hace de los desplazamientos toda una aventura.   Aunque Hato Corozal, Casanare, hace parte del Sistema Interconectado Nacional, la extensión de su territorio es un espacio lleno de dificultades energéticas por superar. Es imposible imaginar que, para llegar a una de sus veredas, específicamente a Santa Bárbara, se deba pasar por dos cabeceras municipales del departamento de Arauca: Tame y Rondón, para desde allí, y luego de tres o más horas de viaje por tierra, tomar una lancha que descienda cuatro horas más sobre las aguas del río Casanare, encontrando en sus mágicas orillas caimanes, patos, chigüiros, tortugas y muchos otros que ni en sus más profundos sueños un citadino pudiere llegar a imaginar.

Partimos igualmente de una situación de apremio, la lancha navega por el río saliendo a las 6 a.m. desde Rondón, pasa por Santa Bárbara a las 10 a.m. y sigue hacia el oriente en dirección a Cravo Norte sin llegar a este. En algún punto da vuelta para zarpar nuevamente desde Santa Bárbara a la 1 o 2 p.m., y si no estás en el improvisado puerto que es un barranco y una tabla, serás un llanero esa noche.

Zambrano, Bolívar, es otro cuento, pues los pobladores de su zona rural han transformado sus asnales en caballos de acero y motores de combustión interna, recorriendo caminos de roca y barro en los que cualquier Tatán Mejía esperaría correr, aunque solo por deporte. Es casi mítico ver a un campesino labrar sus cultivos de tabaco en Los Montes de María, no sabe uno si estar feliz por el retorno de sus colonos o triste por las historias que cuentan de su realidad mientras cantan ‘El Mochuelo’ a orillas del imponente río Magdalena.

La ubicación físico espacial de Tierralta, Córdoba, la ha convertido en una meca ganadera, que en su mayor extensión se da en tierras bajas y planicies irrigadas por el río Sinú, situación lejana para quienes son nuestra razón de ser allí, pues se ubican en tierras altas a las que no llega el Sistema Interconectado Nacional, a pesar de estar a escasos kilómetros de la Central Hidroeléctrica Urrá, que entró en operación en el año 2000 y sin embargo a la fecha, muchas veredas se siguen iluminando con velas al tiempo que ven pasar sobre sus techos las líneas de transmisión.

En Tierralta, además del río y sus diferentes afluentes, los caminos y vías terciarias comunican sus veredas, transitadas por habilidosos mototaxistas, quienes suplen la incesante necesidad de movilidad al carecer de cualquier otro medio motorizado frecuente. No hay rutas establecidas, no hay una tarifa para un viaje, es justamente “vamos que en el camino hablamos”.

Las sensaciones son muchas. En primer lugar, encuentras unas vías que parecen el lecho seco de un río. Encuentras personas sembrando arroz criollo, yuca, plátano y cosechándolo a mano, lo que es la explícita expresión de la voluntad de trasladarse desde otros cultivos no gratos.

Aunque se siente tensa calma en el desarrollo de nuestras visitas a las diferentes latitudes de las Zonas No Interconectadas, la tranquilidad de llegar con la convicción de buscar mecanismos que propendan por mejorar las condiciones de vida y habitabilidad de los pobladores de esas difíciles tierras se traslada a quienes, sin saber quién llega, ven una luz en ese “técnico en comisión” que los visita utilizando los medios de transporte que ellos usan. Visitante que puede ser el puente que los acerque al hoy de otras partes: al servicio público de energía eléctrica como promotor de confort, seguridad y apropiación.

Como nota social (plural) partiendo de lo singular

El planteamiento de sociedad parte desde la construcción común, del aporte de cada uno de sus individuos a las idas y vueltas que tejen el acontecer social, lo general a todos. Contemplar el desarrollo social como el avance de las comunidades hacia una mejor calidad de vida, contextualiza el buen vivir en las situaciones particulares de las mismas. Un planteamiento sumamente importante en la educación es aceptar las sociedades no por uniformes sino por plurales: la diversidad en nuestro territorio es rica por su variedad en espacios territoriales relativamente pequeños.

El carácter construye identidad, la identidad sumada a un buen ambiente de vida fortalece la confianza, que impulsa las libertades y estas facultan al individuo y lo hacen creativo. La creatividad lo dignifica y lo hace propositivo, un individuo propositivo es una persona productiva, la productividad sumada a factores sociales, económicos, culturales y ambientales, conduce a comunidades constructivas, en las que la suma de personas construye sociedad.

El desarrollo económico es un medio para buscar el avance social. El IPSE a través de la estructuración, viabilización e implementación de proyectos energéticos sostenibles en la Colombia No Interconectada, posibilita de manera directa el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades en su área de influencia, extendiendo programas de Estado que generan bienestar.

* Escrito por Juan Pablo Alzate Soto – Ingeniero Electricista, magister en Desarrollo Sostenible

Profesional especializado – Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para las Zonas No Interconectadas IPSE – Subdirección de Contratos y Seguimiento – Grupo de Seguimiento y Supervisión. Colombia

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